La ANDE, el Papá Estado y el Monopolio

Todos habremos escuchado en algún momento que la Administración Nacional de Energía Eléctrica (ANDE) tiene el monopolio de la energía eléctrica en Paraguay. Pero, en pocas palabras, ¿qué realmente significa esto?

De acuerdo con el artículo 64 de la ley 966/64 (¡sí! La ley es del año 1964) “Que Crea la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) Como Ente Autárquico y Establece su Carta Orgánica”, solamente la ANDE tiene el derecho a distribuir energía eléctrica en nuestro país. Es decir, en teoría, cualquier persona tiene el derecho de generar energía eléctrica, de hecho, existen varias iniciativas que incentivan la producción privada de energía. Sin embargo, solo la ANDE puede distribuir esa energía. En otras palabras, si otra empresa, privada o pública, quisiera distribuir energía eléctrica en el país, ello no le estaría permitido.

Esto es lo que se conoce como un monopolio legal. Un monopolio es una situación de mercado en que solo una empresa se configura como proveedor. En este caso, en el mercado de distribución de energía eléctrica, la ANDE es el único competidor. La connotación “legal”, se da cuando dicha situación de mercado es creada por una normativa, en oposición a cuando esta característica acontece como consecuencia de un desarrollo libre del mercado.

Un monopolio normalmente tiene una connotación negativa. Sin embargo, algunos catedráticos sostienen que los monopolios son en ciertos casos necesarios. Uno de los argumentos más importantes a favor del monopolio de la ANDE, por ejemplo, es el relacionado a la soberanía energética. En apretada síntesis, este argumento sostiene que un insumo tan importante como la energía eléctrica no puede ser dejada en las manos del mercado. Por el contrario, dicho insumo estratégico debe ser asegurado por “papá” Estado. En otras palabras, si dejáramos el mercado eléctrico a los particulares, esto sería peligroso, ya que una empresa privada podría acaparar el mercado y “abusar” de los consumidores mediante la provisión de un producto demasiado crucial para la sociedad.

Sin perjuicio de las ideas a favor del monopolio, existe un consenso entre los economistas y estudiosos de los mercados de que los monopolios tienen una arista negativa: impiden la competencia. Ciertamente, no hace falta tener un PHD en economía para poder darnos cuenta de esta desventaja que tiene una estructura monopólica de mercado.

Imagínate que el mercado energético sea similar al mercado de telecomunicaciones en cuanto a la competencia. Suponte que existen 4 proveedores de servicios de energía eléctrica y cada uno de ellos tiene fuertes campañas de marketing ofreciendo beneficios y precios competitivos con el fin de ganar suscriptores. Imagina una campaña de “noches ilimitadas” de energía eléctrica. Una promoción como “los primeros 6 meses con 50% de descuento”. Suponte que en el caso que recibas un servicio deficiente con el cual no estés satisfecho tengas la posibilidad de, cancelar el contrato con tu proveedora de energía eléctrica y mudarte (portarte) al competidor de tu preferencia.

En este escenario hipotético, ¿consideras que una empresa tendría mayores incentivos para prestar un buen servicio que en un mercado monopólico como el actual? Nuevamente, no hace falta ser un experto en economía para darnos cuenta de que la respuesta es claramente afirmativa. Un mercado competitivo nos brinda el beneficio de la competencia. La competencia, por su parte, típicamente se traduce en mejores productos, mejores precios y, finalmente, en un bienestar mayor del consumidor y la sociedad en general.

La feroz competencia de las ligas de fútbol más importantes del mundo hace que sus jugadores den la mejor versión de sí mismos y alcancen niveles altísimos de juego. Alguna vez te preguntaste, ¿Lionel Messi sería tan buen jugador de fútbol si no existiera Cristiano Ronaldo? Probablemente no. Al no tener alguien a quien vencer, es probable que no se viera forzado a salir de su zona de confort y ser la mejor versión de sí mismo. Asimismo, la competencia en los mercados hace que las empresas saquen lo mejor de sí mismas y esto termine beneficiando a la colectividad, la sociedad.

Actualmente, existe un anteproyecto de ley que busca desmonopolizar el mercado de distribución de energía eléctrica y, más allá de esto, regular holísticamente el mercado energético. La discusión está instalada y definitivamente es un tema crucial para nuestro país, siendo la energía uno de nuestros principales factores diferenciadores. ¿Necesitamos que papá Estado todavía nos cuide y sea el único encargado de proveernos la preciada energía? O, por el contrario ¿queremos buscar el disfrute del fenómeno competitivo en el mercado eléctrico? Como en la mayoría de las discusiones, en mi experiencia, probablemente una opción intermedia podría ser la más adecuada.

Sobre el autor:

[1] Abogado y Notario Público por la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción. Master en Derecho Económico y Comercio Internacional por la Georgetown University. Becario Fulbright y Becal. Profesor de las cátedras de Economía Política y Defensa a la Competencia en la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción.

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